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| Fotografía: referencia |
Posiblemente la belleza de los pájaros adornaba y llenaba la vista de sus captores, pero su esclavitud no les permitía conocer un vuelo verde hacia la libertad de un horizonte azul. La cárcel en la que se encontraban era tan pequeña que les impedía extender sus alas. Privados de la esperanza, de la amplitud y de conocer cuán grandes son, allí residían viviendo sin razón.
De más está decir lo cruel que resulta tener a un ave aislada, cuando podemos ver lo felices que son cuando vuelan a voluntad y en bandadas de un árbol a otro. La independencia les permite ir buscando sus frutas preferidas, apareándose y multiplicando su especie. Por ello, me viene a la memoria otras ciudades donde he visto a los plumíferos sueltos.
En la ciudad de Caracas, recuerdo que en Prados de María, al amanecer veía una manada de guacamayas y loros compartiendo la reducida arboleda de Chaguaramos gigantes. Luego, al atardecer volvían al mismo lugar para refugiarse en los huecos de los árboles que hacían con su herramienta natural. Presenciaba como deleitaban la vista de los transeúntes, sin necesidad que éstos les apresaran. Cosa que parece increíble, que en tan dañada jungla de concreto se observe esta gracia de la vida. Y todavía así es en toda la capital venezolana.
Estos animales en su autonomía, aparte de gozar los beneficios que la Madre Naturaleza les proporciona, poseen un plumaje brillante, les brota la felicidad por sus pequeños ojos y su cantar son los sonidos que recogen en su senda, aunque, unas que otras veces, por ser estos citadinos, nos recuerdan el ruido automotor. En cambio aquellos dos loros en su jaula se limitan a imitar lo que les enseñan con insistencia y/o lo que logran escuchar, su plumaje es opaco y sus ojos carecen de chispa, notándose su melancolía.
El ser humano por falta de conciencia ecológica y de sí mismo manifiesta un inminente divorcio hacia el sentir de la esencia de la Pachamama; es tan egoísta que aparta estas aves de su hábitat natural, así como lo hizo consigo mismo. Lo hace en función de su desordenada manera de vivir y convivir. Por tal motivo, lamentablemente, estas aves pasan el resto de sus vidas tras unas rejas, sin poder hacer su función básica y primordial: volar.



Que acertado tu escrito, es muy cierto, a veces creemos estar haciendo lo correcto, pero sin darnos cuenta vamos en contra de las cosas naturales, no solo con los animales, sino también con plantas; es algo tan frecuente que lo hacemos tan natural, tan normal; a los animales los capturamos, los amarramos, los enjaulamos.. nos divertimos y reímos de ellos como si fueran nacidos para la burla, para el maltrato; vamos caminando, vemos un árbol y lo primero que hacemos es arrancar una hoja, destruirla, o simplemente contaminar el entorno donde ésta se encuentra…
ResponderEliminarAcaso es muy difícil entender que así como nosotros, ellos también son seres vivos?...